El astronomo, Johannes Vermeer

El astronomo, Vermeer

Se ha dicho de Vermeer que no hay nadie como él capturando la luz que entra por la ventana y se queda encerrada en una habitación. Que es único imprimiendo movimiento al cuadro, que sus personajes no son estáticos, se mueven. Que se pueden sentir sus pensamientos, puesto que la mayor parte de ellos se encuentran absortos en ellos. Se ha dicho tanto de este pintor, de apenas una treintena de obras conocidas y del que no sabemos su rostro, que, sin embargo, aún hoy día sigue fascinando.

El astrónomo es un ejemplo de su genio. Es una pintura pequeña, acorde a toda la obra de Vermeer, y acompaña a El geógrafo, de similares características. En ellas se observa un hombre en aptitud pensante ejerciendo la disciplina que da nombre a cada cuadro. Sobre la identidad del personaje se ha especulado mucho. Parece tratarse de Antonie van Leeuwenhoek, reputado científico de la misma ciudad de Vermeer y buen amigo suyo, pero el poco parecido físico hace dudar de que sea así. En cualquier caso, la pareja de cuadros son una peculiaridad dentro de la obra de Vermeer, en la que gran parte se representan a mujeres en labores sencillas o cotidianas.

En la época de Vermeer no era raro el retrato de intelectuales en su estudio. Existen muchos precedentes con la misma temática, pero me quedo con la estampa El Doctor Fausto de Rembrandt, autor que sin duda conocía. En ella, la luz de Dios ejerce de reveladora de la verdad al erudito, que se encuentra investigando. En El astrónomo ocurre algo parecido. El libro que tiene abierto, se ha identificado como un ejemplar del Institutiones Astronomicae Geographicae de Adriaen Metius, abierto en el capítulo III, que comienza diciendo al lector que se busque la inspiración divina para descubrir el cosmos. El cuadro que aparece en el fondo representa el descubrimiento de Moises, que está relacionado con el conocimiento y la ciencia. De esta forma el personaje parece estar guiado por la providencia en su gesto de acercamiento al globo, que tan bien refleja Vermeer mientras se levanta sutilmente de su asiento.

El cuadro está ejecutado en un estilo realista, aunque no con la minuciosidad casi irreal de otros autores de la época. Los reflejos, son pinceladas precisas que capturan la luz en una increíble muestra de buen hacer. Se ha especulado sobre la posibilidad de que Vermeer usara la cámara oscura para componer sus obras, que explicaría algunas de las características de sus imágenes, como pueden ser: composición por planos de profundidad, difusión de los primeros planos, precisión absoluta de sombras y proporciones y el tamaño cuadrangular constante de toda su obra. Sea como fuere, en El astrónomo se pone de manifiesto su maestría y delicadDetalle El Astronomoeza a la hora de pintar. La luz, que entra por una ventana situada a la izquierda (motivo que usa el holandés en casi toda su producción) tiñe de un suave amarillo toda la escena, debido a los cristales de las vidrieras. No se valora del todo la apoteósica labor del artista hasta que uno se enfrenta solo ante un lienzo en blanco. El juego de sombras, luces y reflejos es algo sencillamente magistral. Fíjate en, por ejemplo, el reflejo del mantel en la pared, la tridimensionalidad del mismo, el corte de la sombra en el mueble… todo se encuentra en perfecta armonía para goce del espectador.

No es de extrañar que cuando el nombre de Vermeer empezaba a ser reconocido en el mundo del arte, sus cuadros se convirtieron en objeto de deseo para coleccionistas y comerciantes. En particular, El astrónomo fue expoliado por los nazis de la Francia ocupada, donde se encontraba, ya que era admirado por personalidades como Goering o Hitler. El cuadro formaría parte del futuro Museo de Linz, proyecto que quedaría en nada tras la derrota de Alemania y la desintegración del Tercer Reich. Al final, la obra acabó en la mina Altausse, junto con miles de piezas de arte, y estuvo a punto de ser destruida por el decreto Nerón firmado por Hitler, que establecía la destrucción de todo aquello que podía caer en manos aliadas. Parece ser que llegado el momento se impuso la cordura y los alemanes encargados de cometer tal desastre no lo hicieron, salvando así un patrimonio de incalculable valor.

El astronomo y los Nazis

Autor: Johannes Vermeer van Delf
Año: 1668
Medidas: 51cm x 45 cm
Soporte: Óleo sobre lienzo
Tema: Retrato
Estilo: Barroco
Localización: Museo del Louvre, Paris