La Gran Ola de Kanagawa, Katsushika Hokusai

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Entre las obras más famosas que nos han llegado del lejano y misterioso país de Japón, La gran ola de Kanagawa se cuenta entre las más famosas. Esta obra tiene la cualidad y el privilegio de representar diversos aspectos de la cultura popular Japonesa, de tal manera que se han establecido como iconos, como imágenes o representaciones que inmediatamente asociamos con Japón al observarlos. Esta obra forma parte de la colección titulada “Treinta y seis vistas del monte Fuji”, una colección de representaciones paisajísticas que giran en torno al Monte Fuji. El Monte Fuji, del que más tarde hablaremos en profundidad, ha sido y es parte central de la cultura Japonesa y también de esta serie de grabados.

El artista es Hokusai, el más famoso y más grande maestro del ukiyo-e, o grabado japonés. Esta técnica artística consiste en imprimir en bloques de manera la escena que se quiere representar, y tuvo un auge muy importante entre el siglo XVII y XIX en Japón, siendo el eje central de la principal creación artística de esta época. Esta técnica, también llamada xilografía, es originaria de China, y llegó a Japón alrededor del siglo VIII, usando la religión budista como vehículo. Así pues permaneció como técnica prácticamente reservada a símbolos y textos budistas, como mandalas, sutras, etc. y no fue hasta mediados del siglo XVI en el que se empezó a usar como medio artístico. Es a partir del siglo XVII, durante el periodo Edo (periodo marcado por la paz y estabilidad) cuando florece esta técnica, y de ahí nos han llegado sus mejores obras, incluida la que nos ocupa en este artículo.

Elementos culturales
Lo primero que destaca de esta obra son las continuas referencias a elementos populares del folclore Japonés. Como es lógico, el Monte Fuji se encuentra retratado al fondo en segundo plano, pero sin duda es el símbolo más poderoso de la obra ya que el resto de la estampa, como en el resto de obras de la serie, tiene como eje central la representación de este Monte. Como dijimos, el Monte Fuji es un elemento fundamental de la cultura Japonesa, y ha sido retratado y representado en innumerables obras a lo largo de toda la historia Japonesa. Algo que caracteriza a los japoneses es su profundo amor a la naturaleza, que siempre está recubierto de un aura mística y transcendente; el Monte Fuji tiene gran parte de la culpa de este sentimiento que impregna la vida interior de los japoneses.

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La composición en la obra, aun a pesar de que el Monte Fuji es el elemento más pequeño, está dotada de una fuerza extraordinaria por la estampa que nos presenta. Como elemento principal tenemos la gran ola. Esta gran ola hace referencia al mar, y puesto que Japón es un país formado por 4 grandes islas, se puede intuir la importancia que ha tenido y tiene el mar no sólo en la economía Japonesa, sino también como parte de su acerbo cultural. Palabras como tsunami, tienen su origen en el idioma Japonés, y hacen referencia a la imparable fuerza de la naturaleza. En este cuadro se representa bien esta dicotomía entre la fragilidad de nosotros, los seres humanos, y la fuerza de la naturaleza, que se abre paso sin ningún tipo de miramiento.

Entre las olas podemos observar un barco pesquero tradicional de la época, que se usaba para transportar las capturas del día hasta la bahía de Tokyo. Este barco es característico de obras de la misma época, y su forma se asocia como no sólo a la cultura Japonesa, sino a la asiática en general. Dentro de los barcos podemos ver a los marineros, que posan de forma ordenada.

Elementos artísticos
Desde el punto de vista artístico, esta obra presenta varios elementos dignos de mención. En primer lugar, el fuerte y destacado color azul usado para representar el mar y la gran ola. Este color azul fue bastante novedoso en la época, ya que se importó nada menos que desde Inglaterra, a través de China, hasta Japón. Recordemos que durante el periodo Edo, el país estuvo cerrado a todo tipo de influencias externas, por lo que se puede entender la relevancia de introducir esta novedad.

La gran ola muestra unos rasgos muy marcados, especialmente el contraste entre el agua de mar y la espuma, y cuya composición de color le dota de una textura casi pétrea, dura como una roca. La espuma, en su forma previa al caos del momento en que romperá, se muestra de forma bella y ordenada, que casi sugieren unas manos apunto de alcanzar algo. Los barcos suponen un contraste pequeño a esta poderosa estampa, y destacan de manera sutil, casi desapercibida, por encima de las olas con un color madera muy suave.

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Finalmente, cabe observar que los colores usados para representar al Monte Fuji son idénticos que los de la olas y la espuma. Esto podría ser, si acaso, una expresión de la unicidad de la naturaleza, que se muestra en diferentes formas, una montaña solitaria al fondo y el mar enrugecido, pero siguen siendo, en el fondo, lo mismo.

Elementos filosóficos
Pero sin duda lo más interesante a analizar de la obra son los elementos filosóficos que se pueden extraer de ella. El Monte Fuji, al fondo, observa impasible la escena que nosotros también podemos presenciar. En ella se muestra la cruel lucha entre la naturaleza y el hombre. El hombre se ve sobrepasado con creces ante la gran ola, símbolo de la pequeñez del ser humano ante el mundo natural. Podría pensarse que ante una situación así, lo más normal es el pánico, sabiendo que la muerte es segura. Sin embargo, en la obra se observa a los marineros tranquilos y disciplinados, luchando contra el temporal como mejor saben. Aquí podemos encontrar una referencia al carácter del pueblo Japonés, que desde su prehistoria siempre se ha mostrado disciplinado y diligente, incluso ante las situaciones más extremas.

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El espacio que separa a una ola de otra representa el vacío, ese vacío que siempre ha estado presente en la filosofía Japonesa, de marcada influencia budista y Zen. Estamos presenciando la nada, ese instante infinito que precede al caos, a la ola rompiendo y desencadenando un tormento de dureza y penurias para los marineros. De algún modo representa al flujo del existir que podemos experimentar en nuestras vidas diarias. Nuestras experiencias son momentos infinitesimalmente pequeños, pero a la vez infinitos, enlazados unos detrás de otros. Esta infinitud queda “congelada” en la obra y nos permite pararnos a reflexionar sobre nuestras vidas sin miedo a vernos atropellados por los eventos circundantes.

Autor: 葛飾 北斎 (Katsushika Hokusai)
Título original: 神奈川沖浪裏 (Kanagawa-oki nami ura)
Año: 1829-1832
Medidas: 25.7 × 37.8 cm
Soporte: Grabado en color sobre bloque de madera
Tema: Naturaleza
Estilo: Ukiyo-e
Localización: Colección privada