La torre de Babel, Pieter Brueghel El Viejo

La torre de Babel, Pieter Brueghel

Siempre rodeada de mito y realidad, lo cierto es que la historia de la torre de Babel ha servido de inspiración en muchas áreas de la cultura y, por supuesto, también en la pintura. Cuando Pieter Brueghel pintó esta imagen, hacia 1563, era un tema recurrente, sobre todo debido a la difusión y al tratamiento religioso que los textos de la Biblia le dieron al tema. La torre de Babel, para el cristianismo, a pesar de que hay evidencias de que realmente existió, no es más que un símbolo, una fábula moralizante. El hombre, henchido de osadía, intenta llegar al cielo mediante la construcción de una colosal torre, que desafía sus propios límites. Por su parte, Yahvé, ante esa demostración de soberbia, confunde la lengua del hombre que hasta ahora era única e introduce multitud de ellas. Ante la consecuente falta de entendimiento entre los constructores, la torre es abandonada y la gente huye en todas direcciones. De este modo, además de ser la explicación bíblica de porqué existen tantos idiomas en la tierra, se advierte sobre el orgullo humano y su fracaso si desafía al poder divino.

Brueghel nos dejó como legado la más famosa representación de la torre, como una construcción fallida pero a la vez poderosa e imponente. No hay más que fijarse en el colosal tamaño con respecto a la ciudad, que parece una miniatura a su lado. Es posible distinguir, gracias a la minuciosidad del artista, todos los detalles de su construcción; desde grúas y andamios hasta el detalle de la estructura interna, resaltada en una tonalidad diferente que dota de belleza al conjunto. La nube de la cúspide es la sutileza que recalca la altitud que lograron alcanzar.

El diseño de la torre es en espiral ascendente, muy similar al característico zigurat de la antigua Mesopotamia, en cuya capital, Babilonia, parece ser que estuvo realmente localizada. Sin embargo, el autor lo reviste de la apariencia de las construccionDetalle La torre de Babeles romanas, más concretamente del Coliseo de Roma, ciudad en la que se supo que estuvo el pintor flamenco antes de ejecutar esta obra. Choca aún más el resto de la composición, que claramente se refiere a una ciudad holandesa de la época, como la propia Amberes, donde vivió parte de su vida. Se puede distinguir la muralla que cerca toda la metrópolis y las embarcaciones propias de la época; detalles significativamente alejados de lo que podría ser la Babilonia de la torre, de más de 2000 años antes de cristo de antigüedad. De esta forma, el autor mezcla la diversidad que su ciudad estaba experimentando, en la que debido al comercio concurrían las más variadas lenguas, con el mito, actualizándolo así a su propia realidad.

Cabe destacar la escena del primer plano, en la que se puede observar como una picapedrero rinde pleitesía a lo que parece un Rey. Efectivamente, se trata de Nimrod, nieto de Noé y primer soberano de la humanidad, que parece maldecir a sus vasallos. Aunque la escena da lugar a elucubraciones, me inclino a pensar que es una crítica a la terquedad de los gobernantes que culpan a otros de sus delirios de grandeza. Y esto puede tener sentido porque muchos autores consideran esta obra como una crítica a los Habsburgo.

Estilísticamente hablando, habría que destacar el agradable colorido de la composición, dominando evidentemente por el amarillo apagado de la piedra y su contraste con la parte superior, como ya comenté anteriormente. El dibujo es muy preciso y rico en detalles, en consonancia con toda la obra de Brueghel, que gustaba de representar grande espacios en los que pasan muchas cosas al mismo tiempo, siguiendo la estela del que fuera su mayor influencia, el misterioso El Bosco. También se notan reminiscencias a Patinir en el tratamiento del paisaje, que resulta sorprendente por la finura empleada incluso 500 años después.La pequeña torre de Babel, Pieter Brueghel

Brueghel ejecutó también dos obras más en referencia a este tema, de las que se conservan solamente una. La otra pintura, que adjunto en el artículo como mera curiosidad, es menos interesante y palidece ante su hermana mayor, cuya visión nos recordará por siempre que la ambición desmedida acaba fracasando.

Autor: Pieter Brueghel llamado el Viejo
Año: 1563
Medidas: 114 x 154 cm
Soporte: Óleo sobre madera
Tema: Religioso
Estilo: Renacentista
Localización: Museo de Historia del Arte de Viena, Viena