El caminante sobre el mar de nubes, Caspar David Friedrich

El caminante sobre un mar de nubes, Caspar David Friedrich

Caspar David Friedrich, autor atormentado prototipo del romántico sin remedio, nos deleitó con algunos de los paisajes más desgarradores de la historia de la pintura. Ningún otro como el pintor alemán ha sabido canalizar la inquietud humana a través de la naturaleza que observamos, inmensa e infinita; que se despliega en toda su grandeza ante nuestros ojos.

Caspar David Friedrich no pintaba paisajes al uso. Los despojaba, a pesar del estilo minucioso de su pintura, de la ramplona realidad: les imprimía sentimiento. Sus paisajes son la proyección de la espiritualidad humana, el autor se vale de la naturaleza para expresar su metafísica. No es raro encontrar en algunos de sus cuadros a personajes de espaldas, insignificantes, frente a un entorno vasto y cargado de simbolismo.

El caminante sobre el mar de nubes no trata sobre un tipo que sube a una montaña en una mañana libre de domingo. Es algo más. La primera prueba es el propio personaje que observamos. Algunos lo han identificado con el propio Friedrich, otros han querido a ver a algún amigo suyo cuyo nombre no merece ni la pena escribir aquí; lo cierto es que para mí representa al ser humano en sí, funciona a modo de avatar. El hecho de estar de espaldas es porque no tiene un rostro, sino el rostro de todos. Hasta la ropa que viste es el típico atuendo alemán de la época, para nada cómodo a la hora de subir una escarpada montaña. Friedrich quiere que asumamos su rol, de ahí que lo sitúe en el centro de la obra. Parece casi como que somos nosotros quienes nos asomamos al acantilado.

Otro indicativo es el paisaje en sí. Sabemos que se trata de un emplazamiento suizo, donde el propio autor estuvo refugiado por la amenaza de las guerras napoleonicas. El monte de la izquierda es el Rosenberg, y la atalaya de la derecha es el Zirkelstein. Aunque la disposición de éstos es más o menos verosímil, Friedrich los usa como meros pretextos. Es decir, no le interesa pintar un paisaje de la baja Sajonia, se vale de éste para transmitirnos un significado.

El significado simbólico del que he estado hablando, obviamente, es un asunto subjetivo. Nadie como el propio autor podría desvelar lo que verdaderamente intentó plasmar en el lienzo, pero podemos aventurarnos a descubrirlo. El mar de niebla es el elemento a mi juicio importante: no Detalle El caminante sobre un mar de nubes, Caspar David Friedrichconoce límite, se extiende hasta el infinito y parece confundirse con el cielo, se suprime la línea del horizonte. Para mí, es lo desconocido, lo intangible. Frente a las rocas, símbolo de lo terrenal, la bruma es etérea, acaricia todo sin alterarlo. No puedes tocarla ni comprenderla, se deshace en las manos como evitando mezclarse contigo y, sin embargo, está ahí. El hombre, a pesar de lograr una cumbre, se maravilla ante lo que queda por descubrir y es derrotado ante tan magnífica visión. Se ve débil, usa un bastón, y, a pesar de ocupar el centro de la composición, queda relegado a un segundo plano. ¿Conseguirá avanzar más allá y alcanzar el mar de nubes? No lo creo. No porque está anclado a la escarpada roca, que es el final del camino.

Por supuesto que todo esto tiene una lectura religiosa, ya que Friedrich era profundamente creyente. Aquí subyacen tres conceptos: la espiritualidad y lo terrenal, las rocas como pedestales de una fe inquebrantable y la naturaleza como una aproximación a lo místico.

Por lo demás, el estilo de Friedrich es sobrio, de índole realista y preciso. A destacar es el marcado contraste de tonos oscuros y claros y, como comente antes, la composición, con la figura dominando en el centro tapando el punto de fuga. Parece que parten de él las dos colinas a los lados: truco que emplea el pintor para captar aún más la atención del espectador hacia el personaje.

Por último, dejo una cita de David d’Angers, un escultor contemporáneo suyo, que tan bien describió los paisajes de su coetáneo:

«¡Friedrich! El único pintor de paisajes que había tenido hasta entonces el poder de remover todas las facultades de mi alma, el que realmente creó un nuevo género: la tragedia del paisaje»

Autor: Caspar David Friedrich
Año: 1818
Medidas: 74,8 x 94,8 cm
Soporte: Óleo sobre lienzo
Tema: Simbolismo
Estilo: Romanticismo
Localización: Kunsthalle de Hamburgo, Hamburgo