La balsa de la Medusa, Gericault

La balsa de la medusa

Imagina qué pasaría si pones a 150 personas en una balsa, sin prácticamente víveres, y los abandonas a su suerte a la deriva. Por increíble que parezca, esto es lo que ocurrió en la Francia del siglo XIX, cuando encalló el barco Medusé frente a las costas de Senegal. El capitán de la embarcación había sido puesto a dedo por el gobierno, después de no haber ejercido en 20 años, y, con asombroso paralelismo a lo que le ocurrió al archiconocido Titanic, las prisas por llegar antes a tierra hicieron el resto. Como casi siempre, en el barco no había botes salvavidas suficientes para toda la tripulación y, como siempre, las personas de clase social más baja tenían todas las de perder. Se improvisó una balsa con lo que pudieron aprovechar del barco, para poder ser arrastrados mediante cabos por los botes salvavidas. La desgracia se tornaría rápidamente en desastre cuando, en pos de asegurar su supervivencia, o quizás simplemente de mejorar sus posibilidades, los que iban en los botes salvavidas decidieron cortar las cuerdas que los unían a aquella maltrecha embarcación. 150 almas quedaron a la deriva; a la semana, apenas llegaban a 30. En aquella balsa se vivió de todo, motines, asesinatos, canibalismo, suicidios… solo 10 personas sobrevivieron de aquel espanto, tras ser rescatadas por otro navío, el Argus, después de 13 días.

El gobierno francés no dudó en intentar ocultar la historia, ya que un hecho tan vergonzoso no hubiese dado más que problemas a la recién instaurada monarquía post-napoleónica. Aun así, fue un escándalo y el tema perfecto para un joven pintor que quería darse a conocer a toda costa. Gericault dedicó 8 meses de incesante estudió para crear la tela que hoy contemplamos. Para lograrlo, entrevistó a los supervivientes, se sirvió de restos humanos para comprender más a fondo la muerte e incluso construyó una maqueta a escala de la balsa. Y aunque en una primera instancia el cuadro no tuvo la repercusión que Gericault deseaba, todo ese esfuerzo fructificó en lo que hoy en día es una de las obras más destacadas del romanticismo francés.

El cuadro nos sitúa en los últimos compases del naufragio. Ya solo quedan unos pocos supervivientes, la desesperación extrema es palpable. La imagen está claramente construida en base a dos pirámides, la primera de ellas delimitada por el improvisado mástil y la segunda coronada por el harapo que es agitado fuertemente para llamar la atención de la embarcación del fondo. Y ahí donde Gericault dirige la mirada del espectador, mediante una acertada línea oblicua que atraviesa casi todo el lienzo, de izquierda a derecha (al modo de lectura occidental), empezando desde la pierna del cadáver del primer plano y acabando en el mencionado barco del fondo.

Una serie de detalles añaden más dramatismo a la escena. Aparte de las nubes negras y la amenazante ola de la izquierda, símbolo de la bravura del mar, el viento sopla en dirección opuesta al lejano barco que presumiblemente rescatará a la balsa, y en el que se centra el último aliento de la tripulación. En ese pequeñísimo punto en la lejanía, apenas imperceptible, se dirigen todos los esfuerzos.

Para los personajes, Gericault emplea Detalle la balsa de la medusalas técnicas del claroscuro, influencia de Caravaggio, y el dibujo miguelanguelesco que tanto admiró en su viaje por Italia, ambas reminiscencias de épocas anteriores. Sin embargo, es el elenco de sentimientos que muestran las figuras, desde la desesperación, a la esperanza o el alejamiento de la realidad que sufre el anciano del primer plano, lo que convierte a esta pintura en romántica, y se distancia del movimiento neoclásico dominante de su tiempo.

Para acabar, no se puede dejar pasar por alto el mensaje de denuncia al poder dominante que se intenta transmitir, convirtiendo este cuadro pionero en ese aspecto. Y es que es inevitable establecer un paralelismo entre los hechos ocurridos y la imagen de los dirigentes dejando a la deriva a su pueblo. Como ya se dijo en su época, “en esa balsa iba todo el pueblo de Francia”.

Autor: Jean-Louis André Théodore Géricault
Año: 1819
Medidas: 491 cm × 717 cm
Soporte: Óleo sobre lienzo
Tema: Histórico
Estilo: Romanticismo
Localización: Museo del Louvre, París