El caballero con la mano en el pecho, el Greco

El caballero de la mano en el pecho

El arte del retrato tiene en el cuadro que nos ocupa uno de sus máximos exponentes. Perteneciente a una serie de retratos que pintó El Greco entre los años 1570 y 1580, El caballero de la mano en el pecho es sin duda el más destacado, no solo ya por la maestría de la que hace gala, sino también por el halo misterioso que lo rodea. El personaje no es el único desconocido de la serie, pero si el único que, originariamente, se nos aparece sobre un fondo negro y con un gesto que enseguida capta nuestra atención: tiene la mano tocándose el pecho.

Y es ahí donde el pintor hace énfasis, en la mano y en el rostro, iluminándolos sobre un fondo casi negro y estableciendo así un lazo con el observador; con la profunda mirada, nos trasmite tristeza y desasosiego, con la mano, sinceridad, el desánimo le mana de dentro. Desde un punto de vista más pragmático, la mano, cuya peculiar colocación de los dedos es característica de El Greco, representa simplemente el juramento de su condición de caballero.

Lo que si es cierto es que, lo miremos desde un enfoque u otro, la melancolía de la mirada alimentó la imaginación de muchos, especialmente de autores de la generación del 98. Por poner algunos ejemplos: Antonio Machado le dedicó un poema, Azorín vio en sus ojos el eterno retorno nietzscheano y Pío Baroja fue el que le dio el nombre definitivo por el que hoy se conoce a este cuadro.

Detalle de El caballero de la mano en el pecho

Sobre la identidad del personaje se ha especulado mucho. Los hay que dicen que es un autorretrato, uno de los personajes que aparecen en El entierro del Conde Orgaz o incluso Cervantes, por aquello de que la mano izquierda aparece inarmónica con respecto a la otra, coincidiendo con la famosa lesión de El manco de Lepanto. Lo que es evidente es que estamos ante el típico hidalgo español, de porte solemne y espada en vaina, de ahí de que muchos vean en el un retrato social del caballero típico de su época.

El Greco lo pinta acorde a los cánones de la época, sobre un fondo austero, sin ningún elemento que intente disminuir la atención sobre el propio retratado. El fondo sería más tarde fuente de polémica debido a la notable restauración que en 1996 se le practicó al lienzo. Del negro oscuro, lúgubre, que sustentó el interés por este cuadro en la revalorización de El Greco (que se produzco a finales del siglo XIX) por su carácter místico, se pasó a un gris exento de idiosincrasia y se perdió la firma por considerarse apócrifa, además de verse reducida la dimensión del cuadro. La polémica llegaría incluso al Congreso de los diputados.

Autor: Doménikos Theotokópoulos, El Greco
Año: Hacia 1580
Medidas: 74 cm x 58 cm
Soporte: Óleo sobre lienzo
Tema: Retrato
Estilo: Manierista
Localización: Museo del Prado, Madrid, España